Acerca del género y sus traducciones en la práctica

Nos han enseñado, de una manera un tanto simplista, que el sexo es algo biológico (por tanto natural) y que el género es la construcción social y cultural que cada grupo humano hace sobre esa distinción biológica. Una distinción, la sexual, de la que podríamos discutir su pretendida base biológica y por tanto natural (ya desde hace tiempo autoras como Yanagisako y Collier nos mostraron que el tanto sexo como el género son construcciones culturales). Pero no entraremos por el momento ahí.

Nos quedamos por tanto con esa distinción, la más común en los medios de comunicación, los discursos políticos y vocabulario de muchas asociaciones en el ámbito de lo social y cultural (que no todas). Repito, el género es una construcción social. Vale. Entonces, la perspectiva de género examina las relaciones entre hombres y mujeres entendidas como construcciones culturales. Luego las identidades de género se construyen recíprocamente, y comprender la experiencia de ser mujer en un contexto histórico, económico y político concreto exige tener en cuenta los atributos del ser hombre en ese mismo contexto (Stolcke).

Entonces, si esto es así, ¿por qué los talleres con perspectiva de género están dedicados y formados exclusivamente por mujeres?; ¿por qué el género aparece en estudios e investigaciones como una variable que se incorpora a la investigación sólo cuando aparecen mujeres en el proceso que se estudia?

Repito: lo natural o biológico es el sexo, lo construido relacionalmente es el género. Entonces, ¿por qué cuando me hacen una encuesta me preguntan mi género y no mi sexo? Y, ¿Por qué empiezan cada vez muchas más mujeres a decir que tienen un género femenino? Incluso: ¿por qué hablamos de dos “géneros”, el género masculino y el femenino?

Hemos vuelto a hacerlo. Hemos tomado la noción de género y la hemos naturalizado y biologizado. Supuestamente la distinción inicial era para permitir hacer ver que las mujeres no estamos determinadas por la biología; pero si volvemos a confundir género con el hecho de tener ovarios, estamos consiguiendo precisamente lo contrario: reificar a la mujer y volver a colocarla en el reino de la naturaleza.

Photo: Paula Rey/flickr.com